19 mar 2015

Slap! Primera entrega: Del sexismo y otros méndigos males en la escena


De entre el humo de cigarro y un divertido solo de bajo interpretado por Les Claypool emerge una columna pequeña, con la mata desordenada y las costillas molidas por el pogo: Slap!, que fuera un programa de radio en línea especializado en rock y heavy metal, hoy se transforma en una columna que seguirá la misma línea de opinión seria y objetiva (ajá, ¿y tu nieve?). Quien escribe estas líneas los saluda con amplio respeto y cierta timidez; He venido a hablarles de esto porque mi trabajo en radio, mi incursión en las artes escénicas y las horas de debate en foros y páginas de heavy me lo permiten.

Y es precisamente de este ambiente de perdición del que les quiero hablar hoy. Ya suficiente hemos escuchado de nuestros padres cuando nos vamos al toquín del sábado en la noche: “¿A qué vas? ¡Pura cerveza y música del diablo!” (Claro que por eso vamos, pero por favor nadie se los diga). Pero eso no es todo: Cuando eres mujer los cuestionamientos se triplican, en especial si estás en una banda y van a presentarse en algún bar. En lo personal, solía persuadir a mis padres argumentando que los fanáticos de este tipo de música somos “una hermandad, y entre nosotros nos cuidamos la espalda”.

Desgraciadamente esto no siempre es verdad, y menos si eres del sexo femenino. Por mucho que la comunidad rocanrolera se precie de ser tolerante, las mujeres siguen siendo vistas como un objeto (ya sea en forma de groupies, de cantantes o bandas femeniles que se exhiben para que los varones escojan cuál se quieren llevar a la cama… ¡al baño del bar, pues!), como el relleno de toda buena fiesta.

Vaya, esto resulta mucho más evidente si revisamos la historia de las bandas de metal integradas exclusivamente por mujeres. El ejemplo más claro recae en Girlschool, banda inglesa encabezada por Enid Williams, del mismo género que Mötorhead y que incluso colaboró con ellos en diversas ocasiones. Su música es despreciada por ciertos sectores de fanáticos (cuando deberían aceptar que hay canciones de Mötorhead que les salen mejor a ellas), y ya que terminan con esa cantaleta, salen con que se hicieron famosas sólo porque “le hacían el favor” a la banda de Lemmy Kilmister.

Ocurrió lo mismo con las Mystica Girls en México, aunque no debemos olvidar que el concepto de las bandas femeniles en este país está manchado por el fenómeno Ultrasónicas (que no son [demasiado] malas, pero se convirtieron en el estereotipo de cualquier grupo de féminas que deseen hacer música), y el contenido de sus letras es lo que todo mundo espera de bandas como Las Wuanderbra. De la sociedad en general no me sorprendería, pero da vergüenza escuchar al metalero promedio decir estas barrabasadas.

Caray, estas cosas suceden incluso en las altas esferas de la industria musical heavy. Como seguramente saben, Angela Gossow, quien por años fuera vocalista de Arch Enemy (y que en su momento nadie la creyó capaz de desarrollar un gutural tan potente como el de un hombre), dejó las filas de la banda para dedicarse plenamente a representarla (con todo lo que eso implica). Tras una búsqueda extenuante por parte de la propia Gossow, se escogió a Alissa White-Gluz, (ex The Agonist) para encabezar la banda creada por los Amott. 

Contrario a lo predecible y rebasando todas las expectativas (sí, como los clásicos mensajes de odio que recibía Anette Olzon recién llegada a Nightwish), muchísimas personas en redes sociales se fueron contra White-Gluz e hicieron gala de los insultos más horrendos que pudieron teclear, bajo la suposición (porque claro, la mayoría ni siquiera está al pendiente de la banda hasta que estas cosas pasan) de que ella intentaba superar a la Gossow. ¿Lo peor de todo? Más del 70 por ciento de los comentarios soeces provenían de otras mujeres.

En serio, ¿ahora con qué cara le digo a mis padres que los rocanroleros no somos iguales que los demás? Nos quejamos de que los humanos promedio estereotipan o desconocen a la mujer metalera, skate, gótica o doomer, pero lo primero que hacemos es irnos contra ellas aunque estemos “de su lado” (sí, suena igual de idiota que como es). Ya, a calzón quitado: O cambiamos de verdad, o mejor dejamos de alardear (mucha tolerancia, mucho respeto, mucha hermandad, pero a la hora de los trancazos nos convertimos en lo que tanto repudiamos).

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