1 oct 2016

La Promesa: Una serie "bien pagá"

Galardonada como “mejor serie” en los Premios SHIFT del año pasado y con diversas nominaciones en los Premios India Catalina, “La promesa”, producción colombiana transmitida en 2013 por Caracol Televisión, llega a las pantallas mexicanas como una de las propuestas más fuertes para el horario nocturno de canal 5 de Televisa. Ésta cuenta la historia de dos colombianas y una mexicana quienes -por medio de engaños- caen en las garras de una red internacional de trata de personas.

El primer capítulo de la serie es estremecedor, pues inicia en un centro nocturno de España donde Ana (Julieth Restrepo), Frida (Aislinn Derbez) y Seleni (Nicole Santamaría) ejercen obligadamente la prostitución. Tras un intento desesperado por huir de sus captores, un dramático flashback lleva al espectador al momento en que fueron enredadas en aquél negocio multimillonario del cual ellas jamás sacan un beneficio. Aquí la historia se parte en tres y vuelve a ser una cuando las protagonistas son llevadas a Panamá.

Conforme avanza, la serie se vuelve un crudo vistazo a la trata de blancas, tema nunca antes abordado en la televisión latinoamericana. Es un acierto de CMO Producciones (cuna de “La promesa”) valerse de un tabú social que al mismo tiempo representa una de las principales problemáticas de países hispanohablantes, pues no sólo añade realismo a la producción, también denuncia la realidad y advierte del peligro a las jóvenes susceptibles a caer en engaños como los que sufren Ana, Frida y Seleni.

Las actuaciones de las protagonistas, que reflejan dolor e ingenuidad, son creíbles y consistentes. Puede que la construcción adecuada de los personajes sea de gran ayuda. También destaca el desempeño de antagonistas como Hamilton (Juan Sebastián Calero), cuya frialdad provoca escalofríos, y ni hablar de la actuación estelar de Jesús Ochoa como “Don Vicente”, que contiene una expresividad muy por encima de lo verbal.

Por desgracia no es posible decir lo mismo de otros actores. Tal es el caso de Brian Moreno (Jorge), que si bien fue nominado a un par de premios por su trabajo, en realidad deja mucho que desear y su interpretación se cae en momentos determinantes de la historia. Ocurre algo similar con Luis Roberto Guzmán (Juan Lucas), que aunque lleva bien su papel de “malvado”, hay instantes en  los que suena y se ve poco creíble.

A pesar del tinte oscuro y la temática punzante de la serie, llama la atención el trabajo de fotografía. Primero que nada, debe decirse que para “La promesa” se utilizaron lentes 4K en las cámaras, equipo común en las producciones cinematográficas, que habla de una considerable apuesta económica por parte de CMO. Las tomas panorámicas de los lugares donde se desarrolla la historia (con locaciones en México, Colombia, Panamá y España) son de colores contrastantes y bien definidos.

Otro de los elementos más destacables de esta serie es la banda sonora. “La bien pagá”, interpretada por Elsa Rovayo  La Shica, destaca no sólo por su ritmo pegajoso, también por la letra, que de manera conveniente resume el contenido de la producción televisiva en una metáfora. Las piezas musicales fueron bien seleccionadas para complementar los momentos más intensos de la trama. Entre los artistas que suenan en ella se encuentran Lila Downs, César López y Victoria Sur.



En general, es una serie entretenida y que vale la pena ver desde el primer y hasta el último capítulo, pues aunque la temática es bastante densa, el ritmo jamás decae. Quizá hay casos particulares donde las cosas se salen de lo realista, pero se puede confiar que esos pequeños defectos ayudarán a consolidar la historia conforme avanza. “La promesa” es justo eso: una promesa de contenido de calidad en la televisión latinoamericana, que con el tiempo –y sus respectivas recompensas– se volverá muy “bien pagá”.

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