Galardonada
como “mejor serie” en los Premios SHIFT del
año pasado y con diversas nominaciones en los Premios India Catalina, “La promesa”, producción colombiana transmitida
en 2013 por Caracol Televisión, llega a las pantallas mexicanas como una de las
propuestas más fuertes para el horario nocturno de canal 5 de Televisa. Ésta cuenta la historia de dos
colombianas y una mexicana quienes -por medio de engaños- caen en las garras de
una red internacional de trata de personas.
El
primer capítulo de la serie es estremecedor, pues inicia en un centro nocturno
de España donde Ana (Julieth Restrepo), Frida (Aislinn Derbez) y Seleni (Nicole
Santamaría) ejercen obligadamente la prostitución. Tras un intento desesperado
por huir de sus captores, un dramático flashback
lleva al espectador al momento en que fueron enredadas en aquél negocio
multimillonario del cual ellas jamás sacan un beneficio. Aquí la historia se
parte en tres y vuelve a ser una cuando las protagonistas son llevadas a
Panamá.
Conforme
avanza, la serie se vuelve un crudo vistazo a la trata de blancas, tema nunca
antes abordado en la televisión latinoamericana. Es un acierto de CMO
Producciones (cuna de “La promesa”) valerse de un tabú social que al mismo
tiempo representa una de las principales problemáticas de países
hispanohablantes, pues no sólo añade realismo a la producción, también denuncia
la realidad y advierte del peligro a las jóvenes susceptibles a caer en engaños
como los que sufren Ana, Frida y Seleni.
Las
actuaciones de las protagonistas, que reflejan dolor e ingenuidad, son creíbles
y consistentes. Puede que la construcción adecuada de los personajes sea de
gran ayuda. También destaca el desempeño de antagonistas como Hamilton (Juan
Sebastián Calero), cuya frialdad provoca escalofríos, y ni hablar de la
actuación estelar de Jesús Ochoa como “Don Vicente”, que contiene una
expresividad muy por encima de lo verbal.
Por
desgracia no es posible decir lo mismo de otros actores. Tal es el caso de
Brian Moreno (Jorge), que si bien fue nominado a un par de premios por su
trabajo, en realidad deja mucho que desear y su interpretación se cae en
momentos determinantes de la historia. Ocurre algo similar con Luis Roberto
Guzmán (Juan Lucas), que aunque lleva bien su papel de “malvado”, hay instantes
en los que suena y se ve poco creíble.
A
pesar del tinte oscuro y la temática punzante de la serie, llama la atención el
trabajo de fotografía. Primero que nada, debe decirse que para “La promesa” se
utilizaron lentes 4K en las cámaras, equipo común en las producciones
cinematográficas, que habla de una considerable apuesta económica por parte de
CMO. Las tomas panorámicas de los lugares donde se desarrolla la historia (con locaciones
en México, Colombia, Panamá y España) son de colores contrastantes y bien
definidos.
Otro
de los elementos más destacables de esta serie es la banda sonora. “La bien
pagá”, interpretada por Elsa Rovayo La Shica, destaca no sólo por su ritmo
pegajoso, también por la letra, que de manera conveniente resume el contenido
de la producción televisiva en una metáfora. Las piezas musicales fueron bien
seleccionadas para complementar los momentos más intensos de la trama. Entre
los artistas que suenan en ella se encuentran Lila Downs, César López y
Victoria Sur.
En
general, es una serie entretenida y que vale la pena ver desde el primer y
hasta el último capítulo, pues aunque la temática es bastante densa, el ritmo
jamás decae. Quizá hay casos particulares donde las cosas se salen de lo
realista, pero se puede confiar que esos pequeños defectos ayudarán a
consolidar la historia conforme avanza. “La promesa” es justo eso: una promesa
de contenido de calidad en la televisión latinoamericana, que con el tiempo –y
sus respectivas recompensas– se volverá muy “bien pagá”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario